Año nuevo gregoriano

Empezó un año nuevo. De repente me siento extraña. Extraña a mí, a mi vida, a mi entorno.
Aunque por primera vez siento que esa extrañeza es de hecho lo que me hace sentirme en casa.

Esta es una casa nueva, una casa que yo construí junto a mis amigues.
Y creo que mi extrañeza se debe a mi ¿desconocimiento? de estas situaciones, como si fuese una especie de virginidad social.
No conocía la paz de un hogar, hasta ahora.

Encontré un lugar en el que me conocen y prestan atención.
Construí un lugar en el que ya soy visible y esa sensación es impagable.
Toda la via quise ser vista.

Siempre creí que mi única motivación era alcanzar la fama, pero no. Yo quería ser vista por mis seres amados. Y hoy estoy agradecida de haberlos encontrado y de poder compartir el calor de un hogar con ellos.

Rápidamente me sentí conectada a algo más allá de mí.
Sentí todo al mismo tiempo.
Exploré todas las energías y posibilidades a la vez.
Es tanta la información que hace que mi cabeza se sienta pesada, me duela y me aleje de la consciencia terrenal.
Estoy presente, pero en un presente que abarca e incluye múltiples mundos y líneas temporales.

Ahora me siento más allá de todo.
Me siento real e irreal al mismo tiempo.
Existo y no, a la vez.

Como el gato de Shcrödinger, las posibilidades son infinitas.
Ahora solo tengo que ver dónde, cuándo y cómo decido abrir la caja.

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