Autodestrucción masiva

El ser humano es autodestructivo por naturaleza. Impulsos internos lo movilizan y conducen a un camino oscuro de destrozos y despojos. Todo a su paso lo pudre y todo lo condena. Sus días están contados y es por eso que crece con la egoísta idea en la cabeza de que todo lo que importa es disfrutar la vida al máximo, sin preocuparse por qué va a ser de todo aquello que lo rodea una vez él muerto.

Su mayor deseo es cumplir con todas y cada una de las cosas que se supone que debería hacer una persona que se disfruta a sí misma. ¿Para qué? Para tener algo de qué hablar, para resultar interesante y atractivo a los ojos ajenos.

Al no poder cumplir con las expectativas que por otros se carga en la espalda, se frustra, se cansa y busca distintos medios para liberar esas tensiones que en un mundo regido por el libre albedrío y la anarquía, probablemente liberaría asesinando. Como no puede matar lisa y llanamente, como no puede mutilar explícitamente ni tampoco manifestar su deseo de hacerlo, lo hace a través de acciones que parecen pequeñas e inofensivas, pero que a la larga acaban con el mismo resultado que una puñalada al corazón.

El ser humano se frustra y busca estos medios para liberarse. Algunos fuman, otros beben y otros consumen sustancias mucho más complejas y dañinas. El ser humano no puede permitirse fracasar abiertamente, no lo soporta, pero mucho menos soporta hacerlo en el anonimato frío de la soledad. Es por eso que decide hundirse llevándose al mundo con él.

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