Inmortalidad artística

Este año (2016) tuve la suerte de ser espectadora de varios shows legendarios, con figuras sobre el escenario tan increíbles que no podías permitirte parpadear para no perderte de un instante que sabías que sería glorioso.

Estos shows empezaron con P.I.L. el 11 de agosto en el Teatro Vorterix. Decir que fue increíble resultaría redundante si se tiene en cuenta todo lo que sigue, pero realmente lo fue. Juro que jamás en mi vida creí que vería sobre el escenario a Johnny Lydon, ex cantante de los Pistols; pero ahí estaba, a metros de distancia, en el centro de un teatro de Buenos Aires.

Dos días después y en el mismo lugar, tuve la suerte de escuchar en vivo a Television. Los neoyorkinos resultaron tan sorprendentes como los autores de Rise, pero la diferencia, personalmente hablando, estuvo en que yo iba a ver a P.I.L. esperando sorprenderme, mientras que Television resultó ser un asombro puro, en el sentido amplio y literal de la palabra.

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Pasaron dos meses y en octubre llegó el BUE, y con él nada más y nada menos que Iggy Pop y Pet Shop Boys. Claro está, el festival estuvo lleno de grandes artistas, todos impresionantes, pero no puedo negar que mi principal motivo para ir fueron los dos mencionados anteriormente.

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En noviembre fui al Music Wins, que como el BUE, estuvo lleno de artistas fantásticos, pero The Brian Jonestwon Massacre, Primal Scream y Air podría decirse que fueron los más “relevantes” debido a su trayectoria e influencia.

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Semanas más tarde quisieron suspender el recital de los alemanes de Kraftwerk por considerarlos una fiesta de electrónica, pero gracias a peticiones y reclamos por parte del público, el show se llevó a cabo sin el menor de los problemas. Fue tranquilo y maravilloso, un espectáculo digno de ser experimentado visual y auditivamente.

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A menos de una semana de diferencia, en el mismo Luna Park, New Order llegó con un show completamente impresionante. Ahí, con mucha energía y buena onda, repasaron los éxitos de la banda para concluir con un homenaje a Ian Curtis y a Joy Division.

El punto de esta publicación no es repasar en detalle cada una de las presentaciones, sino resaltar lo maravillada que quedé con cada una de ellas, ya que si se lo analiza, la mayoría de los artistas promedia o supera los 50 años de edad. Éso hizo increíble a cada uno de los recitales.

Es impresionante ver sobre el escenario a personas que es evidente que si están ahí es porque aman lo que hacen. Por ejemplo, Iggy Pop con 69 años de edad bajó del escenario a los 2 minutos de haber comenzado el show, después subió gente a saltar con él y él terminó el recital con una energía que no podías entender de dónde sacaba.

Cuando intentás ponerte en ese lugar, o cuando humanizás a los artistas y los bajás a la realidad es cuando realmente pensás “lo que hacen es increíble”, porque ninguna persona de 50 o 70 años que yo conozca sería capaz de subirse a un escenario a bailar, saltar, cantar y tocar sin fatigarse a los 10 minutos. Y ni siquiera puede decirse que es gracias a la vida sana que llevan, porque los que conocen la historia de varios de estos artistas saben muy bien que su vida no la construyeron a base de comer sano e ir al gimnasio.

Es por eso que me surge preguntarme: ¿será que la música te da algún poder especial que te ayuda a resistir todos los males? ¿O será simplemente la pasión por lo que hacés lo que te mantiene en pie?

Cuando pongo a analizar este tipo de cuestiones me llega de forma inmediata la imagen de Bowie y la trágica noticia de su muerte. Pero, si se quiere ver el lado “bello” de eso, él murió para completar la obra de arte que fue construyendo a lo largo de su vida. La enfermedad que lo atacó fue una desgracia, pero jamás lo tomó como un impedimento. Él siguió creando hasta el último momento (literalmente), y dejó detrás una historia hermosa y recuerdos fantásticos.

El arte inmortaliza. Ayuda a dejar un recuerdo de lo que fuimos y a darnos la vitalidad que necesitamos para seguir creando mientras estamos vivos. Ahí está entonces el secreto de estos artistas legendarios: su pasión por lo que hacen y sus incansables ganas de superarse a sí mismos de forma constante los mantienen vivos hasta el momento indicado.

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